Turismo Dominicano: El Enclave Que Fingimos Es Desarrollo
El turismo dominicano es celebrado como motor de desarrollo nacional. Los datos cuentan historia diferente: genera USD 7,500 millones anuales con multiplicador económico de apenas 0.40 por cada dólar. En países con modelos integrados, este multiplicador alcanza 0.70-0.80. La diferencia no es accidental; es arquitectura de enclave.
El 70% de insumos hoteleros son importados. Empleos turísticos son estacionales con salarios de subsistencia que obligan a trabajadores a mantener dos o tres ocupaciones simultáneas para sobrevivir. Mientras, gentrificación costera expulsa comunidades locales hacia periferias urbanas donde servicios básicos son promesas electorales recicladas.
La industria turística dominicana opera como zona franca con playa: beneficios concentrados en cadenas internacionales, empleos precarios para dominicanos, y crecimiento estadístico que luce impresionante en presentaciones PowerPoint ministeriales pero que no alcanza para pagar alquiler en la zona turística que supuestamente beneficia a todos.
Ningún modelo turístico es sostenible cuando trabajadores del sector no pueden costear vacaciones en su propio país. Cuando pescadores tradicionales son desplazados para construir marinas privadas. Cuando “desarrollo turístico” significa exclusivamente infraestructura para extranjeros mientras dominicanos observan desde afuera de vallas electrificadas. Esto no es turismo; es colonialismo con resort all-inclusive.