Virtud y Desintegración Social: Montesquieu en la República Dominicana Por Frank Brugal A.

Frank Brugal

Virtud, poder y desintegración social: la vigencia imposible de Montesquieu

Vivimos en un contexto donde la desintegración social y política parece acelerarse en la República Dominicana. La incertidumbre, la polarización y la sensación de pérdida ética son temas de conversación cotidiana. Esta reflexión busca ir más allá del presente inmediato y explorar, de la mano de Montesquieu, las raíces profundas de la decadencia cívica y su impacto colectivo.

Decía Montesquieu… ¡el filósofo y jurista francés (1689-1755)! No confundirlo con Carlos Montesquie de la Casa de Alofoke, uno de esos “influencers” tan populares en la era digital. Ese Carlos es puro show, referente de una población cada día más ignorante (aunque, eso sí, un gran negocio). Así estamos: la filosofía convertida en espectáculo y los verdaderos pensadores ignorados frente a la farándula viral.
“Los políticos griegos, que vivían en un gobierno popular, no reconocían más fuerza para sostenerlo que la virtud. Los políticos de hoy no nos hablan más que de fábricas, de comercio, de finanzas, de riquezas e incluso de lujo. Cuando la virtud deja de existir, la ambición entra en los corazones capaces de recibirla y la codicia se apodera de todos los demás (…). Antes, los bienes de los individuos constituían el tesoro público, pero en cuanto la virtud se pierde, el tesoro público se convierte en patrimonio de los particulares. La República es un despojo y su fuerza ya no es más que el poder de algunos ciudadanos y la licencia de todos.”
Montesquieu, “El espíritu de las leyes”

¿Por qué la virtud es la base de la República?

Para Montesquieu, la República no puede sostenerse sin ciudadanos virtuosos. La virtud no es perfección moral absoluta, sino el compromiso con el bien común, el rechazo al privilegio egoísta y la defensa activa de las instituciones.
La historia demuestra que, cuando la riqueza y el poder se tornan los únicos referentes, la corrupción sustituye a la virtud y la comunidad política se convierte en terreno de saqueo. El fenómeno no es exclusivo de Europa o la Revolución Francesa: ocurre en América Latina, en nuestra historia reciente y presente.

La desintegración en la sociedad dominicana actual

¿Por qué sentimos la República fragmentada? La crisis de valores cívicos —el olvido de la finalidad del poder, la normalización del beneficio privado desde lo público, la indiferencia al destino común— alimenta la desconfianza, la polarización y el sálvese quien pueda.
Los políticos priorizan el crecimiento económico o el comercio, pero rara vez hablan de virtud, ética y responsabilidad social.
Cuando la ciudadanía, embrutecida por el consumo y la superficialidad mediática (¡sobre todo si nuestros referentes son más Carlos Montesquie que Montesquieu!), olvida que debe vigilar, exigir y participar, la República se vacía de contenido.

¿A quién responsabilizar?

  • La clase gobernante, por instrumentalizar el Estado en beneficio propio.
  • La ciudadanía, por tolerar la corrupción y abandonar el compromiso público.
  • Las estructuras mediáticas, por trivializar el debate y glorificar el éxito fácil.
  • El sistema educativo, por no formar en ética ni civismo auténtico.

¿Hay salida? La vigencia de la virtud hoy

La única salida posible es recuperar la virtud como fundamento de la República:

  • Exigir a los políticos integridad y rendición de cuentas.
  • Construir ciudadanía crítica, activa y solidaria.
  • Revalorizar lo público, no como botín, sino como patrimonio común.
  • Educar para la participación y la ética, desde la infancia.
Si prevalece el bienestar individual sobre la comunidad, la República se erosiona. La decadencia cívica termina siendo el germen de la inestabilidad social, la injusticia estructural y —al final— un Estado al servicio de pocos, no de todos.

Referencias:
Montesquieu, “El espíritu de las leyes”, Libro III, Cap. III y IV
Reflexión y análisis propio F. Brugal – Contexto dominicano 2025

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